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domingo, 2 de octubre de 2011

Malabarismos de lo incongruente.

No sé exactamente qué finalidad tengo pensada al escribir esta entrada, pero supongo que es el hecho de haber vislumbrado otra posible causa del estrés y tensión emocional. Otra que evitar.

Una situación sobre la que se tienen dos pensamientos contrarios. U otra en la que hayas actuado de manera contraria a cómo deberías. Estás situaciones incongruentes están dominadas por la magnifique disonancia cognitiva.

La disonancia cognitiva provoca tensión emocional en la persona que la tiene. De casualidad he encontrado esta imagen y al mismo tiempo una metáfora bastante fiel a la tensión de la que hablaba.


Si tiras de los dos extremos de la cuerda - con dos pensamientos contrarios - la cuerda se tensa en exceso, no avanza hacia ningún lado. E incluso, no sé hasta qué punto puede llegar a romperse en dos pedazos debido a la tensión (?).

Esta tensión se hace más pequeña cuando tus decisiones y actos van por caminos parecidos o al menos cuando no son contrarios. A esto se le llama romper o reducir disonancia. Para mí, en este momento, ese es el objetivo: obtener calma cuando aclaras tus ideas. Romper disonancia.

A pesar de mi particular obsesión con este objetivo, tengo claro que es tan dañina la duda constante, la incertidumbre y la indecisión sobre cualquier asunto mundano… Como decidir instantáneamente acorde a mi forma de ser.

A muchos les gustaría que existiera eso de tener una forma de ser, así decidir las cosas sería infinitamente más fácil. Pero por suerte o por desgracia estamos en constante cambio. Y el cambio implica confrontar ideas, tensar la cuerda y llevarla hacia el lado que más te convenza.

A veces incluso puedes dejar que otros jueguen contigo a tirar de la cuerda en una u otra dirección. Cuando no sabes hacia qué lado ir pueden ser de bastante ayuda. Otras veces, aunque no les has pedido que jueguen contigo, intentan tirar de la cuerda porque no les parece bien por dónde vas. En cualquier caso, tú eres quien decide quién juega contigo a la cuerda.

sábado, 12 de febrero de 2011

¿Qué afecta a la manipulación?

Lo primero a tener en cuenta es la diferencia entre manipulación y persuasión. La persuasión es un conjunto de técnicas asertivas que impelen a la persona a que acceda a tus peticiones. Mientras que la manipulación tiene el mismo objetivo pero utiliza otros medios que no son asertivos (como pueda ser hacer sentir culpable a la persona, dar lástima…).
Esta diferencia es importante para hacer ver que querer que alguien acceda a tus peticiones no implica pasar por encima de los demás ni usar medios “sucios” (puede que no se sea consciente de que se están utilizando. Generalmente, para la persona manipuladora son más métodos persuasivos).

Vamos a suponer una situación en la que hay dos personas, en cuya relación una cede más que otra. Particularmente quiero destacar cómo afecta la situación a la persona manipulada, independientemente de cómo se comunique de “normal” (si inhibe sus peticiones, las expresa de forma asertiva, agresiva…). Hay algunos aspectos de la situación para que ésta se perpetúe:

Cuando una persona hace un favor a otra le presenta ante sus ojos una ley (no escrita) de reciprocidad, según la cual la persona que recibe el favor cree que está en deuda. Es una forma de ganar poder sobre esa persona, por lo que es más probable que ceda ante una petición del otro que sobrepase ciertos límites.
Cabe destacar también, que cuando esa persona te pide algún favor pequeño y lo aceptas, estás más dispuesto a aceptar favores mayores que te pueda pedir posteriormente (es una técnica de persuasión denominada “Técnica del pie en la puerta”). Estas dos situaciones ocurren porque se ha hecho hincapié en la creencia de la persona de que es generosa, por lo que le va a costar actuar contrario a esa creencia.

También puede pedirte que des respuesta afirmativa a la pregunta ”¿Me puedes hacer un favor?” antes de especificar las condiciones o modificándolas en el transcurso de los hechos, una vez ya hayas aceptado. Como has aceptado en principio, es para uno más complicado negarse posteriormente a ayudar a esa persona.

Relacionado con el tema de ceder ante las peticiones ajenas… ¿a quién ayudamos?
A quien nos agrada: Cuando una persona nos agrada (por su forma de pensar, su apariencia, por compartir buenos momentos con ella, porque nos halague, nos haga sentir bien…) es más fácil que le ayudemos, que cedamos ante lo que nos pida. Cabe destacar una técnica persuasiva llamada congraciamiento, que implica agradar a la persona y hacerle ver que se tienen muchas cosas en común para ganarse su confianza.
Cuando nos percatamos de que una persona que nos agrada trata de manipularnos tenemos dos pensamientos incongruentes (“Me agrada” y “Trata de manipularme”) también llamado disonancia congnitiva. Como se prefiere tener pensamientos congruentes (que se apoyen unos a otros) puede que se reste importancia y no se quiera ver el nuevo hecho: “Trata de manipularme”.
Otra opción es excusar la conducta de la persona, convenciéndose de que es algo temporal (“Trata de manipularme porque está pasando por un mal momento. Se le pasará y aprenderá a comunicarse mejor”) o incluso tratar de cambiarla uno mismo.
También puede que se decida tratar menos a esa persona a fin de no tener que hacer frente a sus manipulaciones. En este caso empezarán a verse más claros los aspectos negativos-manipulativos. Aun cuando te siga agradando la persona mientras te estés percatando de todos esos aspectos negativos, los positivos irán perdiendo relevancia en tu definición de esa persona.

A quien se parece a nosotros: Si esas dos personas se parecen físicamente o comparten formas de pensar o se ha empatizado con él/ella (te has puesto en su lugar) puedes ver más de ti en esa persona… y será más sencillo ceder ante sus peticiones.

A quien lo merece: Si la persona manipuladora consigue despertar lástima o culpabilidad en nosotros, probablemente pensaremos que merece esa ayuda (y que además no nos cuesta nada ayudarle) y estaremos más dispuestos a proporcionarla.

Conocer todo esto no solo sirve para sentirse un poco más vulnerable, sino para conocer debilidades sobre las que se pueden construir otras respuestas que nos permitan elegir y esquivar peticiones no deseadas.

jueves, 16 de diciembre de 2010

The change


Yo soy, y soy de muchas maneras. Me defino y ese es mi autoconcepto. Yo tengo cierto ideal de cómo quiero ser. Lo comparo con lo que soy… ¿Y entonces qué pasa? Depende de lo que se parezcan lo que soy y lo que quiero ser. Cuanto más parecidos sean, mayor será mi autoestima. También depende de cómo me percibo, si por ejemplo me he fijado solamente en ciertos aspectos negativos me costará más alcanzar mi ideal de perfección. Si mi ideal es muy exigente, la distancia entre el ideal y lo que yo soy crecerá exponencialmente y de manera inversa a mi autoestima.

Cuando estás a disgusto con lo que eres sueles sentirte culpable, sin tener en cuenta, que tus aspectos son sólo hábitos (más o menos consolidados, pero hábitos).
Una posibilidad es pensar que esa es tu forma de ser, pero considerar lo que eres como algo inamovible solo dificultará un posible cambio.

Un breve comentario de Jorge Bucay (en uno de sus libros, si no recuerdo mal) fue el siguiente (intentaré transmitirlo lo más fielmente posible):
“Te voy a pedir que te cruces de brazos. Como puedes observar, cruzas un brazo por encima del otro… Si estuvieras en grupo, podrías ver que no todos cruzáis el mismo brazo por encima. Ahora intenta cruzarlos a la inversa, el que estaba por debajo encima del otro. Comprobarás que te cuesta más, porque romper un hábito es costoso… pero si sigues durante un rato con los brazos cruzados de este modo vas a ver cómo ya no te resulta tan extraño…”

Culparse por un hábito que no te beneficia. Es tan útil como culparse por cruzar los brazos de una manera u otra. Y además no te ayuda a cambiarlo. De hecho provoca el efecto contrario. Es importante darse tiempo, no forzarse al cambio porque precisamente es cuando no se va a producir. Esos aspectos pueden estar provocados por una situación en concreto y como tal se pueden cambiar… pero también se pueden aceptar como una reacción normal teniendo en cuenta la situación en la que estoy. Liberando de presión todo vuelve a fluir un poco más

Una manera de cambiar los aspectos que te disgustan podría ser comportarse justo de la manera que quieres ser, porque acabarás cambiando y volviéndote de esa manera para romper la disonancia que se ha creado entre lo nuevo que estás haciendo y lo que tú piensas que eres. De este modo te identificarás con lo que estás haciendo, adoptando lo nuevo como hábito.
Esto tiene su reverso oscuro de la fuerza, ya que como uno tiende a identificarse con lo que hace, puede llegar a considerarse menos valioso después de un fracaso. Realmente vales intrínsecamente, no por lo que haces. Aunque te definan, tú no vales lo que valgan tus acciones (además de que ese valor es relativo: un fracaso para ti puede ser considerado un logro para tu vecino).

Volviendo a la autoestima, también suele decrecer cuando te defines en pocos entornos. No es lo mismo definirte como estudiante y amigo que como estudiante, amigo, pintor, pareja, escritor, cinéfilo… Cuantas menos definiciones de ti mismo tienes más te va a afectar que una de ellas falle y más te va a costar cambiar una de ellas o compensarla con otra, porque para ti esa en concreto tiene mucho peso para tu propia definición.
Esta es una de las causas por las que la depresión, al aislar a la persona en dicho estado, baja la autoestima que da gusto. Por eso, y por el propio bienestar en general, es bueno darle a la autoestima la importancia que se merece.

Y por si quieres leer más:
-Inteligencia emocional para jóvenes (Antonio Galindo)
-Tus zonas erróneas (Dyer)
-Autoestima, Guías de intervención en Psicología Clínica (Marisol Mora, Rosa Mª Raich)
-Un manual de psicología social tampoco está de más todo en esto.