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jueves, 12 de mayo de 2011

La culpa fue del cha cha cha

He empezado a escribir esto porque me resulta curioso como algunas personas se culpan a sí mismas por sus emociones y otras le echan la culpa a la situación que provoca su emoción(¿Estoy en la jaula porque quiero... o alguien de fuera tiene la llave?)


Las emociones son algo útil porque permiten que nos adaptemos a situaciones. He tenido el placer de encontrarme diversas opiniones ante ellas: desde personas que las glorifican hasta otras que las odian y que viven con la ilusión de no tener ningún tipo emoción, simplemente porque no las expresan.

Eso sí, las emociones dejan de ser útiles cuando no se expresan bien o cuando permanecen durante mucho tiempo. Es entonces cuando las emociones útiles pasan a ser inútiles. Mientras que las primeras nos permiten conseguir objetivos, las segundas nos bloquean y nos ponen trabas.


Útil vs Inútil

Preocupación Ansiedad

Tristeza Depresión

Enfado con uno mismo Culpabilidad

Apuro / fatiga Vergüenza

Enfado Ira

Molestia Irritabilidad


Las emociones, tanto útiles como inútiles están causadas y mantenidas por varias cosas :

(A) El hecho que la dispara

(B) Lo que pensamos.

(C) Lo que hacemos.

· El hecho que la dispara

Es el acontecimiento que desencadena tanto la emoción como los pensamientos y conductas que van unidos a ella.

· Lo que pensamos.

Lo que pensamos (lo que nos decimos) cuando ocurre la situación es lo que desencadena la emoción, no la situación como tal.

También se piensa algo de la emoción que tenemos. En este caso mi emoción (por ejemplo ansiedad) se convierte en la situación (A) que genera una emoción, que va a ser más ansiedad. Esta emoción surge porque pienso que “no puede ser que esté tan ansioso” (B) y por pensar esto sobre mi emoción, probablemente me bloquearé ante mi objetivo, que es disminuir la ansiedad y no voy a actuar en consecuencia (C).

A esta ansiedad (B) provocada por una emoción se la llama “ansiedad por el síntoma”.

· Lo que hacemos

Según lo que pensamos, actuamos en consecuencia. Por ejemplo, si mi percepción de la situación es que es peligrosa, probablemente huya. De este modo, tampoco tengo la posibilidad de comprobar si realmente es peligrosa o no, pero al menos “estoy a salvo”.


A mí lo que me interesa es saber qué pesa más cuando tenemos determinada emoción, si la situación, lo que pensamos o lo que hacemos.

Primero hay que saber, que muchos de los pensamientos que generan las emociones inútiles son pensamientos automáticos, que tenemos en todo momento, no solo cuando hay emociones que no sirven. Los pensamientos automáticos disparan activación automática. Es por esto que creemos que “no podemos controlar una emoción” y también que no nos planteamos que estamos pensando algo ante una situación o que yo la pueda ver de manera diferente a ti, de forma subjetiva (que yo tenga miedo a los perros por mi pensamiento, no quiere decir que sea normal o anormal tener miedo a los perros).

Lo mejor que se puede hacer, tanto con las emociones (útiles o inútiles) como con la situación que las dispara es aceptarlas como válidas y totalmente normales. Sobre todo para no agravar el asunto con otras emociones como culpabilidad o ira.

Puesto que, a pesar de todo, responsabilizamos a la persona del cambio de la emoción inútil, no hay que olvidar que no es tarea fácil darse cuenta de los pensamientos automáticos y ampliar y contrastar lo que se piensa sobre el tema, para ampliar el punto de vista que se tiene. Y de hecho, si se actúa intentando contrastar ese nuevo punto de vista, a pesar de que la emoción se disparará, uno se podrá demostrar que realmente la situación no era como se pensaba y la emoción acabará decreciendo por sí misma.

Es complicado, pero es posible.


Si te interesa el tema, hay más información en:

Vera, M y Roldan, G (2009) Ansiedad social. Manual Práctico para superar el miedo. Editorial: Psicología Pirámide.

domingo, 8 de agosto de 2010

Codicias varias: la vitalidad y pensar fríamente.

Estar activos la mayor parte del tiempo es considerado por muchos una virtud. Cualquier método sirve para ello y millones de momentos de bajón para recriminarnos por no ser lo suficientemente fuertes. Y cuando la ansiedad nos puede, por cualquier otro motivo, tambien nos sirve para reprocharnos por ello, puesto que "las decisiones son de gente fría". Lástima que no seamos máquinas, nos decimos. Qué débiles: las circunstancias nos pueden, nos envuelven y nos hacen ver que tenemos un límite acotado. Sí, la perfecta excusa para no volver a intentarlo.
Funcionar de una manera tan variada es precisamente lo que nos da la posibilidad de adaptarnos a distintas circunstancias y dar lo mejor de nosotros.
Suena a consuelo vago. Consuelo sí. Vago, no tiene porqué. Si conoces un poco cómo funcionamos dependiendo de la activación es más fácil comprender nuestras reacciones.
Cuando nos activamos es porque estamos necesitamos poner nuestros recursos en marcha. Nuestro rendimiento depende de lo activados que estemos. Cabe pensar que es una relación lineal: mayor activación, mayor rendimiento. No ocurre así. Tanto un nivel bajo como uno alto de activación son la causa del bajo rendimiento. Este fenómeno puede verse en la curva de Yerkes y Dodson.
Cuando nos sobrecargamos, nos activamos en exceso y pensamos que debemos activarnos más para rendir... llegamos a niveles de ansiedad que para nada son sanos (ni sobrellevables).
Las emociones se desarrollan de esta misma manera (de hecho, precisan de activación), aunque en este caso concretemos el rendimiento como capacidad de decidir. Sí, las emociones ayudan a decidir. Pobrecitas, qué mala fama han tenido durante tanto tiempo. Parecían señas de nuestra debilidad humana y oh... resulta que estaban ahí para ayudar. Una emoción puede entenderse como un filtro, un filtro que permite atender, desplegar nuestro potencial hacia una situación concreta que precisa de una resolución. Puedes compararlo con un tubo, cuyas paredes pueden tener un mayor o menor grosor. Si tienen poco grosor, pasa todo: lo útil y lo inútil. Si son muy gruesas, no pasa nada y por tanto no sirve. Y si tienen un grosor medio... podemos
seleccionar mejor lo que nos sirve en ese momento.
Así que al cuerno con que decide mejor el que más frío es. Ese tipo en cuestión no decidiría nada, se quedaría estancado en eternas divagaciones. Supongo que la clave para mantenerse en el - ¡tan ansiado! - justo punto medio es ejercer algo de control sobre las emociones, cuando observas que se han vuelto perniciosas, que duran demasiado y solo perjudican.
Solo así conseguiremos que la tristeza no sea depresión y ayude a aceptar una pérdida.
Que el amor no sea posesión y celos varios.
Que la rabia no sea frustración en lugar de un impulso por cambiar lo que nos disgusta.
Que el miedo deje de ser una parálisis permanente y sea únicamente una precaución.

lunes, 21 de junio de 2010

Les émotions

Sí, más emociones pa'l body. Metaforeando, las emociones serían como un puente que separa dos momentos de nuestra vida y que nos permiten atravesar situaciones para permitirnos avanzar por nuestro camino. Hay muchos puentes - respecto a los propios o a los demás - distintos porque hay muchos caminos distintos, pero todos se parecen en su forma y función - o en su disfunción.
Supuesto esto, si miramos a un lado, veremos cosas que nos ayudan a seguir caminando y otras que no tanto. A veces, lo subjetivo de nuestro puente nos ayuda a caminar (que es la función del mismo) por unos lugares u otros, independientemente de cómo sea. Pero si caminamos sobre él durante mucho tiempo, nos perderemos demasiado camino al rás del suelo. Incluso a veces, nos lleva a un lugar cortado, en el que solo se ve desierto por estar ahí subido. El puente ha dejado de ayudar. Llegados a este punto, en el que no queda otra que quedarse quieto en ese precipicio o seguir andando, es mejor darse el empujoncito para saltar (alehop!) y continuar a lo nuestro... que por algo venía aquello de que "se hace camino al andar".

Echadle un ojo a este sitio, sobre todo al cuento del ogro, los principes con flecha y la princesa.
http://www.psicoterapeutas.com/pacientes/planteamiento.htm
(si no quieres perder de vista esta página, abre in-anoder-güindou)

lunes, 31 de mayo de 2010

Emociones


Pareciera que las emociones fueran un estorbo en nuestra vida y a veces incluso desearíamos que desaparecieran. Lo pernicioso del asunto es que ni siquiera nos cuestionamos para qué están ahí. Por la mente de muchos pasará la ocurrencia de que están para joder y ya, que son algo “irracional”, aunque como casi todo, las emociones también tienen grados que nos benefician o no.

Las emociones existen para focalizar nuestra atención en algo concreto que necesita ser resuelto, planteado o aceptado: nos inducen a hacer algo específico. Nos ayudan a decidir. Se dice que la emoción “nos atrapa” y ahí estriba precisamente la manera en que focaliza nuestra atención.


Si no tuviéramos emociones, no sufriríamos, pero tampoco tomaríamos decisiones ni partido en nuestras vidas. Esto difiere mucho con la idea que se suele tener de las personas poco emocionales: la de alguien que toma decisiones fríamente con éxito y sin verse apenas afectado por ellas.


Aunque parece que no compensaran tanto sólo porque nos permitan decidir, ya que a veces nos hacen sufrir... y de lo lindo. La clave está en que se sufre sólo cuando la emoción se ha mantenido demasiado en el tiempo y de manera muy intensa. No se ha resuelto la situación, la emoción ha perdido su función y luchar contra ella además duele. Ha quedado contaminada y nos contamina a nosotros.


Y ahí, influyen demasiadas cosas dependiendo de lo afectado que uno esté, de la persona, y váyase usted a saber de qué más.


Una de esas cosas es en qué se centre la atención voluntariamente. Porque aunque estemos sintiendo una emoción, podemos elegir lo que pensamos: si recordamos cada situación no resuelta como un fallo que no se podrá resolver y se repetirá en el futuro, o… recordamos el proceso como otra manera más de aprender de esa situación, para no pasar un rato tan acongojado en posteriores ocasiones.
A veces darle vueltas al tema ya no funciona más, solo satura, y es mejor cambiar de aires, dar una vuelta, no pensar en nada…

En ocasiones la emoción no finaliza porque no le damos oportunidad – y por eso nos estancamos-. Tomo palabras textuales de Jorge Bucay en Cartas para Claudia, que copiar está feo.


Cuando algo me confunde, tengo dos posibilidades. Una, salir de la confusión, y dos, dejarme estar en ella. El primer caso es el de la interrupción (…) que es el mecanismo por el cual el neurótico impide que un proceso se desarrolle naturalmente y concluya por sí mismo. Quizá en apariencia se obtenga una sensación de tranquilidad, pero esa tranquilidad es por "superar el miedo a estar confuso", y no por aclarar qué me confunde.

Sólo la confusión es un proceso normal del darse cuenta, a partir de ella surge el contacto con mi (des-cubrir) la realidad. Cuando no me interrumpo, dejo que el proceso se complete y se agote. El salir de la confusión es, muchas veces, la consecuencia de dejarme estar en ella.