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domingo, 8 de agosto de 2010

Codicias varias: la vitalidad y pensar fríamente.

Estar activos la mayor parte del tiempo es considerado por muchos una virtud. Cualquier método sirve para ello y millones de momentos de bajón para recriminarnos por no ser lo suficientemente fuertes. Y cuando la ansiedad nos puede, por cualquier otro motivo, tambien nos sirve para reprocharnos por ello, puesto que "las decisiones son de gente fría". Lástima que no seamos máquinas, nos decimos. Qué débiles: las circunstancias nos pueden, nos envuelven y nos hacen ver que tenemos un límite acotado. Sí, la perfecta excusa para no volver a intentarlo.
Funcionar de una manera tan variada es precisamente lo que nos da la posibilidad de adaptarnos a distintas circunstancias y dar lo mejor de nosotros.
Suena a consuelo vago. Consuelo sí. Vago, no tiene porqué. Si conoces un poco cómo funcionamos dependiendo de la activación es más fácil comprender nuestras reacciones.
Cuando nos activamos es porque estamos necesitamos poner nuestros recursos en marcha. Nuestro rendimiento depende de lo activados que estemos. Cabe pensar que es una relación lineal: mayor activación, mayor rendimiento. No ocurre así. Tanto un nivel bajo como uno alto de activación son la causa del bajo rendimiento. Este fenómeno puede verse en la curva de Yerkes y Dodson.
Cuando nos sobrecargamos, nos activamos en exceso y pensamos que debemos activarnos más para rendir... llegamos a niveles de ansiedad que para nada son sanos (ni sobrellevables).
Las emociones se desarrollan de esta misma manera (de hecho, precisan de activación), aunque en este caso concretemos el rendimiento como capacidad de decidir. Sí, las emociones ayudan a decidir. Pobrecitas, qué mala fama han tenido durante tanto tiempo. Parecían señas de nuestra debilidad humana y oh... resulta que estaban ahí para ayudar. Una emoción puede entenderse como un filtro, un filtro que permite atender, desplegar nuestro potencial hacia una situación concreta que precisa de una resolución. Puedes compararlo con un tubo, cuyas paredes pueden tener un mayor o menor grosor. Si tienen poco grosor, pasa todo: lo útil y lo inútil. Si son muy gruesas, no pasa nada y por tanto no sirve. Y si tienen un grosor medio... podemos
seleccionar mejor lo que nos sirve en ese momento.
Así que al cuerno con que decide mejor el que más frío es. Ese tipo en cuestión no decidiría nada, se quedaría estancado en eternas divagaciones. Supongo que la clave para mantenerse en el - ¡tan ansiado! - justo punto medio es ejercer algo de control sobre las emociones, cuando observas que se han vuelto perniciosas, que duran demasiado y solo perjudican.
Solo así conseguiremos que la tristeza no sea depresión y ayude a aceptar una pérdida.
Que el amor no sea posesión y celos varios.
Que la rabia no sea frustración en lugar de un impulso por cambiar lo que nos disgusta.
Que el miedo deje de ser una parálisis permanente y sea únicamente una precaución.

domingo, 16 de mayo de 2010

El leñador tenaz


Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio desempeño al día siguiente; así que esa noche se acostó bien temprano. A la mañana se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo el empeño, no consiguió cortar más que quince árboles.

—Me debo haber cansado –pensó y decidió acostarse con la puesta del sol. Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad. Al día siguiente fueron siete, luego cinco y el último día estuvo toda la tarde tratando de voltear su segundo árbol. Inquieto por el pensamiento del capataz, el leñador se acercó a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se esforzaba al límite de desfallecer.

El capataz le preguntó: — ¿Cuándo afilaste tu hacha la última vez?
— ¿Afilar? No tuve tiempo de afilar, estuve muy ocupado cortando árboles.

¿De qué sirve, Demián, empezar con un enorme esfuerzo, que pronto se volverá insuficiente? Cuando me esfuerzo, el tiempo de recuperación nunca alcanza para optimizar mi rendimiento. Descansar, cambiar de temas, hacer otras cosas, es muchas veces una manera de afilar nuestras herramientas. Seguir en un punto forzadamente, en cambio, es un vano intento de reemplazar con voluntad, la incapacidad de un individuo en un momento determinado. (Jorge Bucay)

sábado, 17 de octubre de 2009

Tú relájate... y disfruta.

Sí, ansiada frase.. parece que esperaramos a que la vida nos ofreciera un respiro. Que en algún momento una ancestral voz (¿eres Dios?) nos dijera "Relájate y disfrutaaaaaaa!!"... Sin saber (nécios de nosotros) que este puede ser el respiro. Todo parece más simple cuando nos lo tomamos con calma... justo ahora. ¿Dices que no? Solo sumas un punto más a la dificultad que ya tengas para conseguir lo que quieres, haces un nudo más en tu garganta... Tú mismo.
Cuando las cosas no van como nos gustaría solo nos queda tranquilizarnos. De otra la manera solo puedes estropear situación. La ansiedad nubla tu mente por lo que afecta a tus decisiones y te quita muuucha energía por lo que te inmoviliza en tus actos (una cosa es tener las mismas emociones que una ameba, pero aun así la ansiedad no va a hacer crecer tu actividad por arte de magia) Por eso muchas veces es mejor poner la mente en blanco que restarte posibilidades de antemano. Está claro, métodos hay suficientes para desagitarse (visualizaciones, respiración pausada, reirse, dar trece vueltas a la pata coja alrededor de una farola...) Mientras a ti te sirva es más que suficiente.
A pesar de la supuesta pasividad que tenemos frente a la ansiedad es más sencillo no padecerla si has llegado a la conclusión de que no te va a beneficiar obtenerla en cantidades industriales. Tú eliges lo que piensas. Lo que piensas se transforma en lo que sientes, lo que sientes va unido a como te encuentras físicamente y todo ello a la conducta que eliges... Así que no me vengais con que no podemos elegir lo que sentimos indistintamente del tiempo que nos lleve tomar el hábito.
Una buena forma de no estresarse inutilmente es no perder de vista el objetivo. Consistiría en establecer un orden entre objetivos principales y secundarios Sí, a los secundarios pertenecen esa clase de hechos que ocurren y nos agradan aunque no dependen de nuesta voluntad, por lo que es nefasto obsesionarse con ellos. Si surgen genial, si no habrás comprobado de nuevo que es mejor centrar esa atención en el objetivo principal.
Suponiendo que este tampoco fuera por buen cauce... Replantearse si te compensa el esfuerzo con los resultados obtenidos no esta de más. Rectificar es de sabios, no? Claramente...
En cualquier caso, desviarse del obajetivo principal no suele ser muy bueno del todo.. sea cual sea la emoción que provoque, porque llegará un momento en que nos sintamos como marionetas movidas por el destino y lo incontrolable. Para mi gusto fuera de lugar. En principio nada es incontrolable si te lo propones. Y si no aparece ningún objetivo claro... nunca digas nunca. Está claro que sorprenderse con la vida es lo mejor que podemos llegar a tener.