
Y ahora mismo presiento que mi vida está empezando a dar un giro de chorrocientos grados. No suelo escribir aquí poniendome como ejemplo, pero ¡qué retruécanos! Hoy me siento revolucionaria.
A veces me pregunto ¿Soy libre? Sí, está claro, lo soy. También que tengo libertad legal sobre mi persona. Todo eso es muy cierto, si... Pero tampoco hay que olvidar que uno no es un Robinson Crusoe, que no está solo en el mundo. Uno mismo decide sobre su vida, pero ha de tener en cuenta diversos fatores (entre ellos también están la autoridad o personas con las que convives, en general). Como decia Ortega "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, tampoco me salvo yo".
A veces parece que esta circunstancia nos ata, nos enreda, nos impide elegir e ir en pos de la circunstancia verdaderamente deseada... En esas ocasiones es bueno recordar que nuestra libertad no es lo mismo que nuestro sentimiento de libertad. De hecho, actuar moralmente es lo que le da el gran valor a mi acción. Porque lo he elegido yo.
Me interesan referidas a este ámbito las expectativas que tenemos los unos de los otros: Actos normales lo llaman algunos. Yo sencillamente prefiero pensar que si cada uno actuamos de otra manera... ¿no será por que cada uno somos diferentes por lo que hayamos vivido?
En cuanto a qué esperar de lo demás, puede llegar un punto en el que... acabas desconfiando de la humanidad en general y te cierras en banda. Que está muy bien, te previenes de muchas cosas. Pero también te pierdes muchas experiencias.
En cuanto a esto, me he propuesto abrirme más a la gente y acercarme más sin ningún prejuicio. No temer que se vaya, sino agradecer que se quede en este momento. En positivo, que sea la persona la que me acabe diciendo con sus actos "No te va a compensar confiar en mí, me hago daño yo mismo. Te lo voy a acabar haciendo a ti"
Y entre prejuicios y expectativas veo una relación un poco oculta, pero que está ahi. Los prejuicios conforman nuestro ideal de persona mala, horrible, la que acabase siendo infeliz por sus actos. En otras palabras, lo que odias u odiarias de tí mismo y no te gusta ver ni en tí ni en los demás. Por tanto... mientras menos cosas odies en tí... menos odiaras en los demás (¡más felicidad!) y más te valorarás.
Deshacer un prejuicio parece imposible, pero con comprender el porqué de esas situaciones ya avanzas mucho. Porque el que actúa de manera idiota, no sabe que lo hace o no sabe una manera mejor, y a veces incluso cree que está haciendo algo bueno... Pobrecico de él, no?
Y por otro lado las expectativas excesivas y concretas establecen el reino de la intolerancia en todo su explendor. Sería el contrario de un prejuicio, el ideal de persona buena. Cuando las expectativas son menores que la realidad no hay felicidad. Por eso abogo por una vida con las mínimas expectativas, las necesarias...(no confundir con falta de metas) sobretodo relacionadas los demás. Una mente no tiene porqué controlar a otra. Todos somos libres de ser como somos: aceptémonos como tal (de una maldita vez!)




