domingo, 7 de marzo de 2010

Hablemos de... Ortega y Gasset y su teoría filosofica molona.

Ortega responde a las principales preguntas que se ha hecho la metafísica desde tiempos inmemorables - ¿Qué es y en qué consiste el ser? (su esencia) – definiendo la realidad y el ser fundamental.

La realidad fundamental es la realidad radical o “el Todo” que es externo a nosotros mismos.

Ortega piensa que el ser fundamental se corresponde con el hombre, con la vida individual: la vida mía y la tuya, la de cada cual.

Existe cierta dependencia entre el ser y la realidad fundamental. "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Tanto el ser como la realidad toman sentido estando juntos.


El ser sin la realidad no puede considerarse completo, porque le falta la experiencia que le da la misma. El hombre no está completo sólo con la ontogenia (lo que trae de serie por decirlo así, lo innato) ni solo con la filogenia (la experiencia que recibe), precisa de una síntesis entre ambas para conocerse y construirse.

A partir de esto desarrolla la teoría del «raciovitalismo», basándose en la razón vital que plantea en sustitución de la razón pura cartesiana de la tradición filosófica. Esta razón integra todas las exigencias de la vida. Permite al ser adaptarse y crecer tomando la circunstancia como un globo atado a una cuerda, no como una bola atada a una cadena

.

La realidad radical necesita del ser porque ha de apreciarse a través de la vida.

No la vida en abstracto, ni biológicamente hablando, sino la vida en la que nos desenvolvemos: el conjunto de experiencias o vivencias que uno experimenta como individuo, la que da sentido a la propia existencia y completa la de los demás.

El perspectivismo o «doctrina del punto de vista» sostiene que toda percepción e ideación es subjetiva. El individuo mira desde un punto de vista concreto, en una dirección propia.

Sumergido en una masa con un ideal concreto y rígido el hombre no se realiza, solo es un grano de arena más. Yo hago la comparación del ideal de la masa con una moda (la que sea).

Además de las distintas modas suele aparecer la típica masa antimoda que se toma tan al pie de la letra lo de ser individual que en cuanto algo que hacen se pone de moda, automáticamente odian dicha cosa. En cambio, estaría mejor saber porqué lo haces y continuar haciéndolo, porque para ti sigue teniendo sentido.

Eso es…

Hagas lo que hagas o pienses lo que pienses, procura que siga encajando con tu perspectiva de las cosas, con tu verdad... o modifícalo en consecuencia.

Para Ortega, la perspectiva es la forma que adopta la realidad para el individuo. Esto no le hace caer en el subjetivismo, pues para él cada sujeto tiene su propia forma de acceder a la realidad, su propia parte de verdad, que puede ser incluso contradictoria con la de los demás.

La verdad absoluta, puede ser la suma de las perspectivas individuales. Es por esto que hay que tener en cuenta a las minorías, porque aunque pequeña, hacen una valiosa aportación a la verdad.


*Ortega y Gasset en una fotografía tomada por la prensa en los años 50, se le arrugan las sienes de pura malicia.

jueves, 4 de marzo de 2010

El principito


Es un libro precioso. A mi parecer es el tipo de libro que te despierta, como de un sueño. De un mal sueño quizás, que del uso ya parece bueno.

Si dices: "La prueba que confirma que el principito existió es que era encantador, que reía y que quería un cordero. Querer un cordero es prueba de su existencia", se encogerán de hombros y te tratarán como se trata a un niño.

En cambio si les dices: "El planeta de donde provenía es el asteroide B 612", quedarán convencidos y no formularán más preguntas sobre esta cuestión. Son así, no hay que reprocharles. Los
niñitos deben ser muy indulgentes con las personas grandes. Los que comprendemos la vida, nos burlamos de los números.

Por si te interesa, he aquí el libro: El principito de Saint-Exupéry

Lo esencial es invisible a los ojos... Sin duda.

jueves, 25 de febrero de 2010

Medito, luego existo.


En el libro “La Meditación” de R. Calle puede leerse lo siguiente:

Desde su estado de semidesarrollo hasta su estado de desarrollo completo, la consciencia atraviesa por las siguientes fases: inestable, confusa, estable e inestable, concentrada y plenamente unificada. Las tres primeras fases son comunes a todo ser humano, y sólo las dos últimas se consiguen mediante el entrenamiento meditacional. Sólo estas dos últimas fases proporcionan visión clara, sentimiento de completud, estabilidad psicomental y sabiduría.

El acto de meditar suele comprenderse como algo difuso, dificil de entender, y por tanto, de ejercer. Para mí significa una especie de parada general con todo. Cinco minutos de silencio mental. De cuestionarme si el opio que consumo – por inercia – me satisface o sólo me distrae de mi camino.

Cuando somos criaturitas inocentes, un poco más independientes que justo después de haber salido de las caderas de mamá, podemos ver que tenemos una especie de llave para ser felices, que tenemos para usar… y la capacidad de muescarla las veces necesarias como para que siga encajando con nosotros.

Y es curiosísimo además cómo los adultos temen esta capacidad para muescar y nos distraen con cosas más importantes. En el mundo occidental la felicidad depende muy poco de uno mismo y mucho de lo externo, a ojos de muchos. La mítica oportunidad de pedir tres deseos seguramente quedara resuelta en tres hermosos tipos de opio disfrazados de felicidad. Muchos simulan con precisión… aunque en el algún momento del camino dejan de satisfacer.

Por eso es necesaria esa parada, para encontrarme con lo que quiero yo, para muescar yo, para que no introduzca un hierro oxidado por la cerradura – y ahora es cuando te ries porque crees que esto es un chiste fálico y no! Es que me ha salido asi sobre la marcha - y solo porque tenga la misma forma me hagan pensar que es la llave que me conducirá a un mundo maravilloso. Para gritar en silencio por un rato. Para no pensar en nada. Para estar con yo. Para vaciarse… porque solo una taza vacía puede llenarse de cosas nuevas.

¿Y la imagen por qué? Te preguntarás. Me gusta mucho, es de la peli "Yo soy Sam".

domingo, 21 de febrero de 2010

Muchos ansían la fórmula de la felicidad…

...Y bueno, hay una de la desdicha (D) en función de las expectativas y de la realidad de Dennis Pragger.

D = E – R

A mayor expectativas, menor felicidad (mayor desdicha) y al verrés.

¿Quiere decir esto que cuanto más bajas sean expectativas más feliz voy a ser?

Noooo…

Quiere decir que si las expectativas de que algo bueno suceda superan a la realidad (que eso bueno no ocurra) la felicidad decrece. Pierdes la esperanza que se dice.

Parece que la responsabilidad cae demasiado en la realidad, en el hado. Oh! Misterio! ¿Seré feliz o no lo seré? Uy, pues ya se verá eh… Depende de lo que decida el destino.

Y.. cuanto más rígida es una expectativa más fácil es que no se ajuste a la realidad. Con esto digo que si me planteo lo que ocurra como un “blanco o negro” tengo muchas probabilidades de pasarlo peor. Porque habré de enfrentarme a la desdicha. Y un gran secreto que me contó Barry Stevens en una de sus páginas es:

La felicidad consiste en permitir que todos los sucesos sucedan.

No quiere decir que me resigno, quiere decir que lo encajo. Que busco lo bueno de esa situación. Aunque sólo tenga de bueno lo que pueda aprender de ella.

Muchas veces no podemos prever qué nos va a pasar, pero cuando si podemos es bueno buscarle lo bueno a todas las posibilidades. Crearlas si hace falta… Eso aumenta mucho la flexibilidad de las expectativas (FE). Asi que cambio la formula a como a mi me sirve más:

D = R - FE

(Así me gusta más ^.^)

A parte de esto, me gusta que la atención tenga una curiosa propiedad: Aumenta lo que enfoca. Cuanto más atención prestas a algo más importante parece: si es algo bueno, magnífico se torna, y si es malo, como que no tan bueno, oye…

Muchos pueden pensar que es absurdo, que no sirve. Pero... si me fijo en lo bueno de lo más imperceptible, mi existencia se vuelve mejor… y seguro que amortiguarán mucho mejor los golpes.

martes, 19 de enero de 2010

Carta 15 para Claudia - Jorge Bucay

Queridísima amiga:

Me inventé un ejercicio guestáltico: Imagino que soy una cámara fotográfica.
Me cuesta describirme- Soy una cámara con forma especial; claro, soy única; hay muchas que se me parecen... pero iguales a mí, sólo yo.
Estoy totalmente equipada para cumplir mi objetivo: retratar este instante de lo que está sucediendo.
Este instante.
El instante anterior ya pasó y el próximo todavía no llega; ambos están fuera de mi alcance...
... y me gusta que sea así.
Lo importante para ser una buena cámara es conseguir una buena imagen de la realidad.
El mecanismo es el siguiente:
Primero, busco aquello que me llama la atención. Lo pongo frente a mí.
Mido la distancia que hay entre eso y yo.
Elijo una distancia útil, no siempre la distancia que elijo es la misma, a algunas cosas me acerco más, de otras me mantengo siempre bastante lejos.
Luego, con suavidad -porque mi mecanismo es muy suave-, incorporo lo exterior a mi interior.
Tengo una película muy sensible y puedo sacar muchas fotos. Si bien el rollo de película
es casi interminable, mi vida útil como cámara, no. Llegará un momento en que mi existencia terminará.
Pensar en eso no me angustia, es parte de mí ser cámara.
... Mientras tanto... me importa ser cada vez más fiel a lo que veo. Es cierto, mi imagen de lo exterior nunca será "perfecta", pero en realidad tampoco me importa que lo sea.
Parte de mi equipo es un grupo de lentes y filtros que aumentan mis posibilidades.
Hay cosas que los filtros dejan pasar y cosas que no. Esto puede ser muy útil. Por ejemplo, impiden que entren cosas dañinas (como un estímulo demasiado poderoso).
Permiten también teñir mi impresión de un tono específico (ver todo rosa, ver todo azul, ver todo gris), según mi estado de ánimo.
¡Es bárbaro!... aunque peligroso, si accidentalmente me olvido que es por el filtro que lo veo así.
Las lentes me sirven para aumentar o achicar mi campo perceptivo. Con una de ellas puedo ver el pequeño detalle de las cosas; con otra tengo una vista panorámica y global de los sucesos. Aquí también, cuando pongo la lente adecuada a mi intención, todo sale bien.
Cada hecho requiere un tiempo diferente para ser registrado; por eso, una de mis regulaciones es la del tiempo de exposición.
Todos los procesos implican tiempo. Y éste depende de la velocidad de los hechos, de su intensidad y de mi interés. Cuando algo implica mucho tiempo, recurro a un elemento que llevo conmigo: un trípode. Este me permite esperar con comodidad un hecho... sin apurarme... sin ansiedad... sin riesgo de retratar lo equivocado, cuando lo que espero sucede.
Cuando estoy paseando, sin expectativas, sin objetivos y con la lente al descubierto, puede suceder que se me conecte el disparador automático. De repente siento: ¡clic! y sólo después me doy cuenta de lo que incorporé.
Estas fotos suelen ser las mejores, nada programado o intencional, nada voluntario; sólo el ¡clic! imprevisto y espontáneo.
Casi me olvido de algo importante. Tengo una tapa. Cuando me la pongo, el mundo desaparece y estoy en contacto sólo conmigo. Es muy útil para alejarme un poco de lo de afuera y también para descansar.
Es importante tener mucho cuidado con correr la película después de cada foto. ¡Esta es una limitación para tener en cuenta siempre!
Sólo puedo sacar una foto por vez.
Cualquier intento de incorporar dos situaciones juntas, resultará en una superposición (imagen confusa) o en una foto velada (falta de imagen).
Por suerte, últimamente he logrado incorporarme un dispositivo de seguridad que permite que, hasta no haber terminado todo el proceso con una situación, sea imposible comenzar con otra.
Este dispositivo es una gran ayuda, pero más me gusta tener presente yo misma el límite:
No puedo ocuparme de más de una cosa a la vez.
Eso, eso...
No puedo ocuparme de más de una cosa a la vez.

PD: Sí, el estudio intensivo sobre la Gestalt le hace a una recordar viejas cosas...

viernes, 8 de enero de 2010

Es... JUNO's time!


"All the Young Dudes" de Mott The Hoople
(abre el video que hay justo arriba - en otra ventana - si quieres que toda la entrada tenga sentido)

-¿Que tal un poco de marcha? ¿Marcha?
-Eh... si...
-Vale, no mires. Numero trois. Em.. vale, de hecho esta es bastante lenta, pero son Mott the Hoople, asi que siguen sonando radical y potente.
-La conozco.
-Ah, Si?
-¡Si! Esta canción tiene más años que yo aunque cueste creerlo, la bailé en mi baile de graduación.
-¿Con quién bailaste?
-Cynthia Vowel, una gran pareja de baile. Me dejó sobarle todo el culo.
-¡Sexy!
-Muy sexy...
-Escucha. Te imagino bailando como un freaky total.
-Emm.. En realidad ella puso las manos... aquí y yo puse las mias aquí. Así bailábamos en el 88.
-¿Así?
-Así, tal cual. ¿Has ido a un baile alguna vez?
-Los bailes son para pitagorines y carrozas.
-¿Y tu qué eres?
-No lo sé...
-¿No notas que hay algo entre nosotros?

(...)

-¿Qué opinas de mi? ¿Y por que estás aquí?

-Solo me gusta ser una pequeña pieza en tu extraña vida...

lunes, 4 de enero de 2010

"Paguis" 2009 (y casi MMX!)
















Dicen que un viaje te cambia la vida. Que cambia tu forma de pensar. Que aprendes cosas nuevas. Dicen mil cosas. Para mi depende de la connotación que tengas del lugar.


Hace unos días volví de París. Es la primera vez que voy - digo esto porque ni por asomo va a ser la última - y es demasiado intenso lo que siento por este lugar. No creo que me haya cambiado la vida, tal vez ni siquiera haya aprendido algo.

Aunque si que sé que cosas como ésta, que aparecen en tu vida, configuran el rumbo de la misma. No por la "fuerza del destino" sino porque (como a mí me gusta imaginármelo) estas cosas son como pequeños topes que aparecen en tu camino y te van dando pequeños toquecitos, miniempujones y reorientan tu camino... Lo fantástico de todo es que tú puedes ir eligiendo la mayoria de estos topes y si no es así, la dirección que tomarás después del toquecito en cuestión.

Me gustaría volver, a Montmartre sobre todo, ese barrio me tiene cautivada. Todo tan... ¿es bohemio la palabra? Para mi sí lo es. Abesses me veo en, relativamente poco tiempo, recorriendo esas calles porque sí. Incluida la famosa y ansiada Rue Lepic, con su aunque hiperretocado, precioso Café Des 2 Moulins. Incluidos los pintores, que tantas veces te llaman guapa para tratar de inmortalizarte, y ya de ninguno te quieres fiar. Como me acaban de decir: " viva el arte en la calle ". Y muchas cosas más, que sólo digo lo que viene más a mi memoria justo ahora, ni quiero contar mis crónicas completas... jaja.

También quiero reobservar la Torre Eiffel (la gente que me vió requetemocionada reía, creo que con algo de razón) y el Louvre, mirando a través del Arco del Carrusel y ver el Carrusel (por algo debía llamarse así) y en el fondo el Arco del Triunfo. Mola. No sé si fue hecho a propósito, pero... me gusta.


Gran lugar... y mejor compañía. Casi cambiamos de año allí, me hubiera trastocado mucho los planes, pero nadie puede decir que no hubiera sido una nochevieja alternativa. Y haré la mención ABIERTA, sin alusiones veladas de que vi al Señor COP! Conocido queda, espero verle muchas veces más ^^
Oh, yeah. Y cabe destacar la gran música también, me evoca demasiado como para dejarla de lado.


"En la fuerrza está el podderr. En el sa-bio está el sa-berr. Con el tiem-po toddo llega-rá!" (8)



Claro que llegará...

jueves, 24 de diciembre de 2009

Pero...?

Nietzsche ya lo decía, el lenguaje está lleno de metáforas que nos dificultan la comprensión de lo que pensamos, de lo que escuchamos... Y al final de todo eso, de la información que nos sirve para vivir.
El pero es uno de los obstáculos en la comunicación. ¿Por qué? Porque impide que digamos lo que, de veras queremos decir.
Cuando entre dos frases introduces un pero... ya sabes que alguna de las dos no te encaja ahí. De hecho, cuando oyes un:

"Yo no tengo nada en contra de los negros, pero... "

¡Ya sabes que algo en contra de ellos va a tener!

Esto lo decía el sabio Jorge Bucay (cuánto agradecimiento fluctúa en mí, oh...) y ahora yo lo hago mío.

Y es que en todo esto: o bien me veo obligado a asumir la primera frase siendo lo segundo lo que verdaderamente pienso... O bien quiero destacar la paradoja que supone contrastar ambas opiniones, lidiando con gente que está en desacuerdo...

En cualquier caso esto es dar rodeos, marear la perdiz sin decir lo que quiero decir... y luego, un "tú deberias haberlo adivinado" que hiere la confianza de ambos. Primero he de darme cuenta de lo que pienso, de lo que quiero decir. Que la costumbre no sea una traba para mi mente.. que no me impide ser lo que quiero ser... y entonces expresar...

aunque
además
aun
y
todavia si
sin embargo
aún cuando
incluso...

Todo me puede servir... Y por qué no? Pero! Pero eso sí, cuando elija decida y quiera usarlo. Que perezcan los mecanismos inservibles de una vez y para siempre!

viernes, 11 de diciembre de 2009

Sans toi, les émotions d'aujourd hui ne seraient que la peau morte des émotions d'autrefois.

O dicho de otro modo: Sin tí las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer.

Hace un tiempo algunas películas me abstrajeron de la realidad y me llevaron a París...










¿Tramas interesantes que se asocian con lugares que acaban pareciéndolo? Sin saber el porqué para mí lo son. Y con eso me vale.
Es curioso... mi atención se centró en esta ciudad. Fantástica... E irónicamente voy a conocerla por saber de física y matemáticas (doy clases de estas materias, que me permiten pagar el viaje).
Y ahora es cuando explico la ironía. Eso me recuerda a la frase que oí mil y una vez cuando iba al instituto... tal que: "Si vas a ir por psicología, ¿qué pelotas haces por un bachillerato científico?" Todo a su tiempo, aquí entre otras, está la respuesta.
Esto me hace pensar en las casualidades. ¿Existirán? ¿Si? ¿No? De todas formas, cualquier utilidad que le podais sacar a esto... ¡Era lógica!
Una vez más esto me demuestra, que no hay situación de la que no podamos aprender ni de la que no podamos sacar utilidad... Si sabemos usar bien la luz.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Imagina que la vida es música....


Un día cualquiera estas escuchando música y mirando al cielo.
Sonríes.
Te gusta esa sensación.
Mientras esto ocurre notas, de manera casi imperceptible, un zumbido en tu oido. Te quitas uno de los cascos y dejas de oir el ruido. Al ponertelo de nuevo averiguas de donde provenía el maldito zumbidito.
Y no te gusta.

No te gusta nada.
Te está jodiendo el momento musical.
Y entonces... te enrabias.
Y no estás disfrutando nada de tu momento.
Aunque... en algun rincón de tus pensamientos, sabes que tienes una alternativa. Seguro que la hay. ¿Dejar de prestarle atención? Pinta bien. Escuchas tus latidos más despacio cada vez. Pumpum, pum, pum... pum...
Y entonces la intensidad de la música crece. Cada vez más y máaaaas.
Y el zumbido casi no lo oyes. Oye, que parece que ya no estuviera ahí (aunque lo esté). Pero eso ya te ha dejado de importar.
Qué maravilloso es sentir la música... Y ver el contraste de los colores en el cielo. Vuelves a sonreir.