lunes, 9 de noviembre de 2009

Recóndito lugar...


... la mente. Hay ciertas conductas adaptativas que, irónicamente son un arma de doble filo... y que en ocasiones me preocupan, aunque no se me claven como una flecha en el centro exacto de su diana. Pero si que noto como roza los sectores más externos de la misma.
Me resultan curiosas varias respuestas típicas. Una de ellas, que voy a denominar como una "inexistente realización" consiste en tratar de recabar el afecto anteriormente negado... pagando cualquier precio. Enfocándola desde un ejemplo práctico se traduce en ese famoso caso en el que la hija de un alcohólico, aun renegando del vicio paterno, acaba casada con un tipo de idénticas características.
Y diremos... hay que ser idiota para hacer eso. Bueno, es una opinión, pero no te precipites. Quizás antes deberías saber, primero... que lo familiar es atractivo. Que lo que vivieras en tu infancia te va a atraer, y vas a ir en pos de ello aunque refrenes un poquete dicho hábito. Por otro lado, alguien que haga esto sólo está intentando sobreponerse a los acontecimientos... Intentando dominar a un segundo alcoholico que representará la victoria ante la negación de afecto de su padre. Ahí lo llevas...

Y por lo general... no va a poder dominar a dicho alcoholico, pero no pasa nada. Ella ha aprendido que lo divertido del amor es esa persecución, en la que se siente poderosa cuando cree que vence.

Otra conducta irónicamente adaptativa es la "indefensión aprendida" (A esta no le pongo el nombre yo). Consiste en aprender a no reaccionar, a ser apático. ¿Cómo? Muy sencillo. En la más tierna infancia, a veces... o constantemente el infante en cuestión puede encontrarse respuestas positivas a actos negativos (llevarme al zoo cuando grito y me porto mal) y al revés (estar haciendo los deberes y que papá pague conmigo su cabreo monumental).

Y tras múltiples repeticiones similares aprendes - tristemente - que lo que hagas no tiene ninguna relevancia en lo que ocurra después. Sí, sumado también a aquello de que la suerte y el destino controla tu vida, como si fueras una jodida marioneta, verás que con conductas como esas uno se encamina gracilmente hacia la depresión. Y no es facil deshacerse de ellas... pero los hábitos solo son eso, hábitos. El tiempo para sustituirlos es otro tema.
Ahora... doy un delicado salto hacia el mundo químico. La adicción al dolor suele ser un tema escabroso en principio, pero muy lógico una vez se ha explicado. El cerebro, en situaciones de dolor desprende cierta química, adrenalina entre otras sustancias, si no me equivoco. Sustancias que por cierto son extremadamente adictivas. He ahi la causa de tanto dolor irrefrenable... Cuanta mala relación tildada de pasión electrizante... como no te refieras a la electricidad que corre entre impulsos por tus neuronas... En estos casos si no se corta por lo sano (más ironías: muchos se enganchan a la tentación de estar al borde de la muerte, casos extremos pero reales como la vida misma) con la causa de la eyaculación química, no conozco soluciones más concretas. Todos tenemos nuestras limitaciones... (guiño guiño)
Y como muchas veces que he escrito aqui, me parece que estos temas quedaran incompletos. Por supuesto asi quedan... aunque me gusta hablar de estas cosas y ver la reacción de la gente que lo lee. He de destacar que todo de lo que he hablado supone un misterio para mí... que me resulta dificil de ver un agujero de luz a través de tanta niebla. Y más en casos tan diversos, que dependen de experiencias distintas. Este artículo será posteriormente completado con otro... tiempo al tiempo, que los parciales se avecinan jojojo.

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